Y es el momento del retorno, dejar que las aguas nos lleven rio abajo. Y el pomento de pensar estos dos días inolvidables que pasamos gracias a Cecil, que con su tenacidad y buena voluntad nos fué juntando a todos, bit by bit. Malcolm que tanto hizo para organizar este encuentro.
Yo tenía ganas de venir, pero no me decidía. Habían pasado casi 10 años desde la última vez que había estado. En mi vida he troteado bastante alrededor del mundo, pero núnca había estado tanto tiempo sin volver. Me costaba; habían pasado tantas cosas... y Jorge me hizo venir, ¡y el bien que me hizo!
Alex no pudo venir el Jueves, estaba en alguna reunión de directorio en algún lugar del mundo, y recién llegó el viernes. Durante el almuerzo estaba muy ocupado tomando Coca Cola, pero en la lancha colectivo pudimos charlar bastante. Teníamos que hablar en voz baja, cosa de no despertarlo a Raúl.
Bueno, con el buen momento pasado, dan ganas de soñar. Estará soñando con las travesuras del tiempo del colegio?¡Que momentos maravillosos! ¿O soñará con el próximo encuentro?
Por momentos, antes de venir, me sentía como ese buque, viejo y herrumbrado, varado en una costa lejana, sin sentir las fuerzas necesarias para recomponer mi vida. Si ese buque hubiese tenido los amigos que estoy redescubriendo, quizás vuelva a navegar gallardamente como en otros tiempos.
¿Habrá sido el famoso Vapor de la Carrera? ¡¿cuántas veces habrá cruzado el Rio?! ¿Cuantas cosas habrán sucedido a su bordo? Toda esa memoria varada entre los matorrales... Pero nó, estos días en Los Pecanes me dieron muchas fuerzas, reenconté un pasado que amo, amigos que no han cambiado con los años. Malcolm; ¿Organizas otra reunión para el centenario de egresados? Jorge, apuralo al Tiza, mejor una reunión en 2032 para los 75 años de egresados, o para qué esperar tanto, veremos si el año que viene vuelvo. ¡Prepará Los Pecanes Richard!
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